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Blog de Miguel Izu

Mi cuaderno de bitácora para navegar en seco

27 Julio 2014

Pujol y Mas

Malo lo de Jordi Pujol. Un político que comete fraude fiscal durante más de treinta años y que miente sistemáticamente durante el mismo período. Que solo ahora lo cuenta para proteger a sus hijos ya que él poco tiene que perder una vez jubilado. Un pésimo ejemplo que no solo desacredita a Pujol sino también a su partido y que contribuye a extender la sospecha sobre cualquiera que se dedique a la política. Una vergüenza.

Pero peor es la reacción de Artur Mas. Dice que es un tema estrictamente privado y personal. Un fraude fiscal nunca es un tema privado; por naturaleza nos afecta a todos, porque supone robar a todos los contribuyentes. ¿Qué concepción tiene Mas de lo público para hacer semejante afirmación? Y si el defraudador es un político tan relevante como Pujol el asunto es todavía mucho menos privado. Y si va unido a una mentira sistemática -y la demagógica defensa de decir que a través de él se atacaba a Cataluña- se trata de una conducta absolutamente reprobable. Y si el defraudador y mentiroso es el anterior líder del partido que preside Mas, el partido que gobierna en Cataluña y que ha gobernado durante muchos años, Mas está obligado a dar mayores y mejores explicaciones.

Dicen algunos independentistas catalanes que España les roba. Normalmente quienes roban no son entes abstractos como España sino que tienen nombres y apellidos. Ahora conocemos un nombre más.

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4 Junio 2014

Liberad a Leonor

La monarquía, para funcionar, necesita tomar rehenes. La prensa nos cuenta hoy que Leonor de Borbón, de momento infanta y dentro de unos días princesa, está a punto de terminar tercero de primaria en un colegio privado, que tuvo una nanny británica y habla bien el inglés, y que en el futuro recibirá instrucción militar y seguirá algún curso en el extranjero como hizo su padre. No nos dice que a Leonor nunca le preguntarán qué quiere ser de mayor. Otros ya lo han decidido por ella. Tampoco le preguntarán qué quiere estudiar, ni dónde. Otros lo decidirán por ella. Tampoco le van a preguntar nunca por su religión o su ideología. Será católica, no puede ser otra cosa, si tuviera la tentación de no serlo, como dicen de su madre en otros tiempos, deberá fingir y acudir igualmente todos los años a la misa de Pascua en la catedral de Palma, lo dispone la tradición. Será monárquica, no puede ser otra cosa, y como monárquica será de derechas, como mucho de centro derecha, pero no podrá decirlo. No podrá ser antimilitarista, aunque estará obligada a ser muy ecologista. No le van a dejar decidir por su orientación sexual. En todo caso, será oficialmente heterosexual. Ni le van a preguntar si quiere o no casarse, o si quiere tener o no hijos. Su obligación es casarse y procrear. Tampoco le van a preguntar dónde le gustaría casarse; hay un altar reservado en la catedral de Madrid para esos menesteres. Ni mucho menos le van a dar opción a decidir dónde quiere trabajar o vivir. Lo hará en la Zarzuela. Sí podrá elegir qué deportes le gustará practicar. No si le gustan o no le gustan los deportes, porque necesariamente le tendrán que gustar, y le prepararán para que, como mínimo, vaya al fútbol una vez al año a entregar una copa. La Constitución dice que todos los españoles somos iguales ante la ley, aunque muchos nos sospechamos que no, que no lo es su tía Cristina ni lo va a ser la pobre Leonor, que todavía no es consciente de lo que le espera. Tiene trabajo y casa asegurados de por vida, pero va a tener muy recortadas algunas libertades básicas que sí disfrutarán otros niños de su edad, entre ellas la de decidir quién quiere ser. La monarquía, por muy democrática que se pretenda, es incompatible con la igualdad ante la ley. Por favor, liberad a Leonor. Votad por la República.

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1 Junio 2014

El electorado se mueve

Para muchos comentaristas los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo celebradas el 25 de mayo han ofrecido más de una sorpresa, quizás por que se fiaron demasiado de unas encuestas o, mejor, de unas empresas demoscópicas demasiado conservadoras. A mí lo que me resultaba más sorprendente es lo que ha venido sucediendo los tres últimos años, los transcurridos desde el 15-M, es decir, desde mayo de 2011. Se produce una visible movilización social contra el régimen político existente, sobre todo contra el bipartidismo PP-PSOE, contra la corrupción, contra la erosión de la democracia y de las libertades, contra las políticas económicas de austeridad desigualmente repartida impuestas por la Troika, contra el rescate de los bancos sufragada por los contribuyentes, contra la prioridad constitucional de pagar a los acreedores y reducir el déficit a costa de recortes de prestaciones sociales y de servicios públicos, contra la destrucción y precarización del empleo, contra una devaluación salarial generalizada. Los barómetros del CIS, además de suspender sistemáticamente tanto al gobierno como a la oposición, afirman que la mayoría de la ciudadanía apoya las reivindicaciones del 15-M (en junio de 2011 el 26,3 % tiene una opinión muy positiva y el 44 % más bien positiva). Sin embargo, en las elecciones municipales de mayo de 2011 el PP obtiene el 37,54 % de los votos y el PSOE el 27,79 %, entre ambos el 65 %, con una participación similar a la de otros comicios. La historia se repite y aumentada en las elecciones generales de noviembre de 2011, el PP obtiene el 44,63 % y una amplia mayoría absoluta, el PSOE el 28,76 %. El descontento reinante en la calle y en las encuestas de opinión no llega a las urnas, y sigue llegando muy amortiguadamente a las encuestas electorales hasta antesdeayer mismo, el CIS pronosticaba para las elecciones europeas un 33,7 % y un 31 % para PP y PSOE, todavía un 65 % para ambos, y otras empresas no se alejaban mucho de esa previsión.

Que el 25 de mayo PP y PSOE, por primera vez, sumen menos de la mitad de los votos (26 y 23 %, respectivamente), que la mayoría de los votantes hayan optado por otras papeletas, resulta más lógico. Tarde y despacio, pero la indignación, el desapego por los que mandan o han mandado, el hartazgo, va aflorando en las urnas, la movilización social empieza a traducirse en movilización electoral. Los cambios electorales son lentos, los votantes son remisos a variar su voto (o su abstención), pesa mucho la fidelidad a una sigla, el vértigo ante lo desconocido, el principio del mal menor, del voto útil o de que de ninguna manera gane el enemigo, o el todos son iguales y qué más da. Pero parece que el bipartidismo al fin se tambalea, aunque lo hace en unas elecciones al Parlamento Europeo que es donde los electores se expresan con más libertad y menos cálculo. Desgraciadamente, lo hacen porque no les dan trascendencia, no tienen la sensación de estar eligiendo a los que van a gobernar, no consideran que el Parlamento Europeo tenga un papel relevante, por eso también crece notablemente la abstención. El resultado es el auge de las fuerzas que cuestionan el orden político y económico dictado desde arriba, desde la Troika, desde Bruselas, desde Berlín, o desde Madrid. En algunas comunidades, principalmente Cataluña, un sector importante de la ciudadanía canaliza su descontento hacia la reivindicación de la independencia, creen que la soberanía es la solución. En todas el electorado se inclina más hacia la izquierda, cuestiona las políticas de austeridad impuestas y practicadas en toda la Unión Europea tanto por el PPE como por el PSE. En otros países europeos avanza también la izquierda (Grecia, Italia, Portugal), pero los hay donde crece la ultraderecha, el nacionalismo y el populismo (Francia, Austria, Reino Unido, Dinamarca).

Los resultados de estas elecciones no son automáticamente trasladables a otros comicios como los que nos esperan el año próximo, municipales y autonómicas en mayo y, si no se anticipan, generales en noviembre. La movilización electoral será otra, otros los mensajes y otro el criterio de muchos votantes. Pero es evidente que quedan expresadas unas tendencias que deben condicionar los deberes que tienen por delante todas las fuerzas políticas. Refiriéndome a la izquierda, que es lo que me interesa por la razón obvia que es donde ideológicamente me ubico, creo que tiene un enorme reto por delante, el reto de darle la vuelta a la derrota que viene sufriendo en toda Europa en las últimas décadas y que ha llevado al abandono del modelo social europeo, la Europa del Estado de Bienestar, de la cohesión social y de la solidaridad, del avance de los derechos y libertades, incluidos los derechos económicos y sociales, y su sustitución por el modelo de la Europa del capital, de la desregulación, de los mercados, de la competitividad, de la desigualdad y de la precariedad social, del desempleo, del retroceso en el nivel de vida y en las esperanzas de la mayoría. La socialdemocracia, el PSOE y sus aliados del PSE, tiene por delante la tarea de optar entre una fracasada “tercera vía” que, en el fondo, supuso la aceptación de los dogmas neoliberales (mercado, desregulación, privatización, globalización del capital) en la errada creencia de que eran compatibles con políticas de igualdad y con el Estado de Bienestar, o volver a sus raíces y a la crítica –aunque sea con la perspectiva de transformación gradual y a largo plazo- del sistema capitalista. Izquierda Unida, en la que milito, tiene la tarea siempre inacabada de vencer la tentación de funcionar como un partido político tradicional –cerrado, jerárquico, centralizado- y hacerlo como dicen sus estatutos que es, como movimiento político y social, abierto, plural, participativo, en constante renovación o refundación, trabajando como expresa su propio nombre por la unidad de la izquierda. Se ha avanzado en los últimos años, el trabajo en la coalición Izquierda Plural (Izquierda-Ezkerra en Navarra) va en la dirección correcta, pero queda mucho camino que andar. Podemos, la revelación de estas elecciones, a la que hay que felicitar por haber sabido movilizar a una buena parte del voto de izquierdas al que otros no hemos sabido motivar en el pasado, tiene un reto difícil, consolidar su organización, adaptar una estructura improvisada en una campaña electoral para el trabajo político diario, para su presencia en las instituciones, para afrontar futuras convocatorias electorales. Apuesto por la colaboración de Izquierda Plural y de Podemos, y de cualquiera de las demás fuerzas de la izquierda transformadora, no para buscar una unificación que haga perder sus señas de identidad a nadie, no para que nadie imponga, ni absorba, sino para sumar esfuerzos, para acrecentar la movilización social, para devolver la iniciativa y la decisión a la ciudadanía. Tomemos ejemplo de Grecia, donde ha ganado una coalición de izquierda hecha a base de ir sumando organizaciones diversas. Y, sobre todo, venzamos sectarismos y personalismos, no nos enredemos en disputas de quién es más puro, quién tiene la fórmula correcta, el programa más completo, el funcionamiento más democrático, el curriculum más brillante, quién es más guapo y más listo. Hay demasiado trabajo que hacer.                                                                                                                                  DIARIO DE NOTICIAS 1-6-2014

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23 Mayo 2014

Desarrollo insostenible

No sabemos muy bien en qué consiste el desarrollo sostenible. Es más bien una esperanza, una posibilidad que hay que tantear, un camino que habría que intentar mediante el método de prueba y error. De momento, sabemos lo que es el desarrollo insostenible. Ese que nos lleva a que mañana dos equipos de fútbol de Madrid se vayan a jugar un partido en Lisboa. Les siguen decenas de miles de personas que llenarán cientos de autobuses, aviones, trenes y coches particulares que colapsarán a ciertas horas las salidas de Madrid hacia Lisboa y de Lisboa hacia Madrid. Un despilfarro absurdo. ¿Por qué la UEFA no organiza el partido en Madrid? ¿Y por qué no hay alguna autoridad que le pueda indicar a la UEFA cómo hacer las cosas mejor?

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8 Abril 2014

El federalismo malentendido

Resulta complicado ser federalista, como quien esto escribe, en este tiempo y en este lugar. Principalmente porque la mayoría de quienes oyen nuestros argumentos los interpretan desde una lógica nacionalista que nos es ajena y entienden otra cosa. Como cuando el corrector de Word utiliza el diccionario de inglés para corregir un texto en castellano y señala como incorrectas casi todas las palabras. La solución no es corregir las palabras sino cambiar de diccionario.

Aclararé que, aunque pocos se definen como nacionalistas, prefieren llamarse a sí mismos patriotas, abertzales, constitucionalistas, catalanistas, vascos, españoles, desde el siglo XIX vivimos en una cultura nacionalista. Entiendo por tal la mentalidad que considera que el mundo se halla dividido naturalmente en un cierto número de naciones cuyas fronteras aparecen perfectamente delimitadas en los mapas, que cada persona nace y crece en el seno de una nación a la que debe fidelidad absoluta ya que es su patria, la sagrada tierra de sus padres. Considera que las naciones son soberanas, eternas, ostentan derechos inalienables e irrenunciables sobre un territorio indivisible y poseen una unidad espiritual plasmada en una historia, destino, cultura, lengua o carácter comunes. La nación, su existencia, su soberanía o su unidad no son negociables.

Partiendo de tales premisas, desde el nacionalismo español, el que cree en la soberanía y unidad de España, se rechaza el federalismo diciendo que nunca va a servir para satisfacer las reivindicaciones de los nacionalismos periféricos. Dan por supuesto que el federalismo no es sino un paño caliente que aplicar a las tensiones territoriales, un recurso que se saca del cajón y se ofrece como alternativa a la independencia cuando los nacionalismos secesionistas se ponen pesados (por desgracia, algunos supuestos federalistas, sí, me refiero al PSOE, practican tal federalismo y dan pábulo a esa interpretación). España ya es el país más descentralizado del mundo, añaden quienes desdeñan el federalismo como mera cataplasma contra los nacionalismos, dato más que discutible pero que, en todo caso, revela otra confusión, federalismo y descentralización, que no son lo mismo.

Desde los nacionalismos periféricos, catalán, vasco o gallego, los que creen en la soberanía y unidad de Cataluña, Euskal Herria o Galicia, se rechaza el federalismo con el argumento de que solo pretende salvar la sagrada unidad de España ofreciendo una cara más amable, pero que en todo caso se empecina en un proyecto que niega la soberanía de las naciones sin Estado originarias. Todo lo que no sea el reconocimiento de esa soberanía, que por ser innegociable justifica exigencias unilaterales y, en última instancia, la independencia unilateral prescindiendo de un marco jurídico que no puede condicionar ni vincular a una nación a la que es ajeno, no es admisible.

Desde ambos nacionalismos, estatal o periférico, tienen razón. El federalismo no sirve para dar satisfacción a sus aspiraciones. Pero es que los federalistas, al menos algunos, no pretendemos satisfacer a los nacionalismos. El federalismo como cataplasma, efectivamente, no funciona. El federalismo no es fácilmente compatible con el nacionalismo porque parte de supuestos dogmáticos distintos.

El nacionalismo parte de la idea de nación soberana, de la soberanía como la cualidad de no tener ningún poder superior, de disponer de un poder no limitado por nadie. El federalismo parte de la idea de pacto entre partes iguales que acuerdan compartir y limitar sus respectivos poderes en aras de la convivencia y de intereses comunes. En el ámbito federalista a veces se habla de soberanía compartida, un oxímoron que, en realidad, es una manera de negar la existencia de soberanía. El poder absoluto, sin límites, sobre el que se asienta la idea de soberanía, no se puede compartir. Si se comparte, desaparece, no es soberano. Como casi todo lo que atañe al ser humano (menos la estupidez, como apuntó Einstein), el poder es limitado. La soberanía no es sino una ficción jurídica, una de las muchas ficciones que es necesario elaborar para hacer que funcionen determinadas instituciones. La ficción jurídica consiste en que a algo que no es cierto, o que no sabemos si es cierto, el ordenamiento jurídico trata como si en todo caso fuera verdad porque resulta útil. Hacemos como que las personas jurídicas son personas y que  tienen voluntad, hacemos como que todo el mundo conoce las leyes porque se han publicado, o hacemos como que una persona ha sido notificada de una multa porque se ha publicado en un boletín oficial porque resulta más práctico que enviar a un funcionario en su búsqueda una vez que el cartero no le ha podido encontrar en su casa. Hacemos como que una persona ha muerto porque ha transcurrido cierto plazo desde su desaparición, aunque no tengamos prueba de que así haya sido, o como que un menor de edad ha aceptado una herencia, aunque en realidad él ni se ha enterado, quien lo hace es su representante legal. Hacemos como que las embajadas son territorio del Estado representado aunque se hallen en la capital del Estado ante el que está acreditado el embajador. Hacemos como que Mónaco es un Estado soberano, o que Andorra lo es tanto como los Estados Unidos.

La idea federalista no nace para organizar internamente una nación soberana preexistente ni para unir varias naciones distintas igualmente preexistentes y soberanas, que es la interpretación que han dado los nacionalistas con posterioridad, a fines del siglo XIX en Alemania o en el Imperio austro-húngaro. Los primeros teóricos del federalismo, Hamilton, Jay, Madison, autores de los Papeles Federalistas cuando se elabora la Constitución de Estados Unidos, no contemplaban ninguna de ambas situaciones porque todavía no existía ninguna nación, ni tampoco sucede nada de eso en la creación de otro de los primeros estados federales, Suiza, se trataba de unir unos cantones con una gran diversidad lingüística y cultural que habían logrado sustraerse de la dominación feudal del Antiguo Régimen y que quieren seguir defendiendo su independencia frente a los imperios del siglo XIX. Lo fundamental es el poder compartido y pactado, la gestión en común de lo que es común y la autonomía para gestionar lo que es propio.

Frente a los principios de soberanía, ejercicio unilateral, independencia, integridad territorial y unidad nacional o cultural propia del Estado nacional, el federalismo invoca los de pacto, negociación multilateral, codependencia, asociación voluntaria, libre determinación y pluralismo. El federalismo moderno ha de avanzar hacia la aceptación de un Estado posnacional no basado en otra soberanía que la de los ciudadanos expresada en la ley y elaborada a través de instituciones participativas que combinen la democracia directa con la representativa, que busquen la cercanía de las decisiones mediante la descentralización, que posibiliten la convivencia mediante el respeto de las diferencias culturales, lingüísticas, políticas, religiosas, de identidad. El federalismo ofrece herramientas para manejar las dificultades y contradicciones con que se enfrentan las complejas sociedades modernas, cada vez más plurales, más interdependientes económica, política y socialmente, insertas en un mundo globalizado también crecientemente complejo. El federalismo ofrece soluciones para la convivencia en países tan plurales como España, pero no soluciones para las contradictorias aspiraciones de los nacionalismos enfrentados en su solar, aspiraciones imposibles de conciliar. Por cierto, el nacionalismo tampoco sirve como cataplasma para calmar a los federalistas.

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26 Marzo 2014

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre la declaración soberanista de Cataluña

Esta vez estoy completamente de acuerdo con el Tribunal Constitucional. No hace sino decir lo obvio. La Constitución no permite la soberanía de Cataluña ni de ninguna otra comunidad autónoma. Basta leerla un poco. Y la consulta será legal si se hace conforme a la ley. Vale. El problema es que esta sentencia no soluciona nada. Se deriva al terreno jurídico un problema que es político. Don Tancredo Rajoy podrá anotarse una victoria en el terreno jurídico, pero resulta que la liga que importa es otra. Cada día que pasa sin mover ficha se aproxima más la independencia de Cataluña. Los que no deseamos independizarnos de los catalanes sino seguir viviendo con ellos buscando fórmulas que nos permitan apañar, más o menos, la convivencia durante unos cuantos años, lo tenemos crudo. Entre los separatistas y los separadores nos acabarán rompiendo la baraja.

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12 Diciembre 2013

La pregunta

Vaya por delante que defiendo el derecho de los catalanes, y de cualquiera, a ser consultados sobre todo lo que les afecte, incluido si quieren la independencia o no. Pero la doble pregunta que se anuncia hoy no me convence nada. Como no creo en la soberanía y creo que el Estado nacional, como forma de organización política, debe de ser superada, si yo fuera catalán (o si la pregunta me la formularan a mí en relación a mi tierra) contestaría que no a la primera pregunta (¿Quiere que Cataluña sea un Estado?) y ya no podría contestar nada a la segunda (En caso afirmativo: ¿Quiere que sea un Estado independiente?).

Pero lo que menos me ha gustado es lo que declara mi compañero de ICV Joan Herrera al respecto: “Pasaremos a decidir, desde la soberanía, si somos federales, confederales o independientes. Esto es lo que permite la pregunta. La relación con España solo puede ser de igual a igual”. Vamos a ver, ese planteamiento exige que si Cataluña quiere ser una nación o un Estado que se va a relacionar de igual a igual con España, España (entiendo que se refiere al resto-de-la-actual-España-menos-Cataluña) deberá decidir si quiere ser una nación o un Estado como Cataluña. Yo, la verdad, ni creo que España (entendida como resto-de-la-actual-España-menos-Cataluña) sea una nación o un Estado como Cataluña ni creo que deba de serlo, si me preguntan. Y pienso que si Joan Herrera cree que España (entendida como resto-de-la-actual-España-menos-Cataluña) es o debe ser una nación o un Estado que trate de igual a igual a Cataluña, por el mismo principio democrático que invoca a favor de que sean consultados los catalanes debería exigir que seamos consultados también todos los no catalanes de España (entendida como resto-de-la-actual-España-menos-Cataluña) sobre si queremos ser una nación o un Estado como Cataluña o queremos ser otra cosa. En fin, que con ese planteamiento tienen razón quienes dicen que, de hacerse una consulta, debería hacerse a todos los españoles.

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26 Noviembre 2013

IU y el CGPJ. No lo entiendo.

Pues no, no entiendo a santo de qué IU ha entrado al pasteleo del nombramiento de nuevos miembros del Consejo General del Poder Judicial. Entre otras cosas, porque llevo varios días esperando tener noticias de los órganos de dirección de IU o del grupo parlamentario de Izquierda Plural, pero no he encontrado ni una triste nota en la web o unas declaraciones de alguno de nuestros dirigentes a los medios de comunicación dando las razones para apoyar el cambalache como parientes pobres del PSOE que tuvo la deferencia de dejarnos una silla.

¿Qué hemos ganado? ¿Qué han ganado del ciudadanos? ¿Qué ha ganado la justicia? Por favor, me lo expliquen, o me envíen a casa la parte que me toque de las ganancias.

Cuando tantos ciudadanos dicen que todos los políticos y todos los partidos son iguales yo lo niego. Pero, en este caso y solo en relación con el CGPJ, voy a tener que callarme.

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