El nuevo Gobierno vasco
Toma posesión el nuevo Gobierno vasco presidido por Patxi López y formado por el PSE-PSOE con el apoyo del PP. No me encuentro ni entre los alborozados que califican el hecho como histórico (para variar) y lo interpretan como el triunfo de la Constitución y la consolidación de la transición democrática, ni entre los abatidos que lo interpretan como un fraude electoral o una reconquista española de la patria vasca. Más bien lo veo con prudente expectativa y con bastantes dosis de escepticismo.
Por decir algo positivo, es sano para un sistema democrático que exista alternativa y alternancia. Como dijo Miguel Sanz, presidente del Gobierno de Navarra y entonces de UPN, es bueno que la democracia "se fortalezca de verdad con la posibilidad de alternativas viables" para que así "una ideología determinada no se instale de manera permanente en el Gobierno de una comunidad, que implica desazón en los ciudadanos". Claro que le faltó añadir que él lleva trece años en el cargo y le quedan dos más, y que su partido lleva gobernando en Navarra casi diecisiete años y cuando cumpla dos más aspira a conseguir otro mandato de cuatro años. En fin, la coherencia siempre para el prójimo, nunca para uno mismo.
No me parece tan bueno que la alternancia se produzca en clave nacionalista. Por mucho que se pretenda presentar el cambio de gobierno como una victoria contra el nacionalismo, en realidad es solo una victoria contra el nacionalismo vasco hecha desde postulados nacionalistas. Quien realmente ha triunfado es el PP y su visión desde el nacionalismo español. Todo se reduce a una confrontación entre nacionalismos, de ahí que esté justificado todo, incluiso pactar en Euskadi con el PSOE que es el origen de casi todos los males de España como nos repiten a diario, salvo que se esté hablando del País Vasco. La alternativa izquierda/derecha cede ante una causa superior; la causa nacional. Exactamente lo mismo que sucedió en Navarra hace dos años; UPN (entonces aliado a PP) pacta con PSN-PSOE con tal de aislar al nacionalismo vasco; lo mismo salvo que ahí el apoyo para formar gobierno fue al contrario, fue el PSOE el que sacrifica las políticas de izquierda por el sacrosanto valor de la unidad nacional.
Dado el mapa electoral de este país (España) de vez en cuando se presenta esta disyuntiva tras unas elecciones autonómicas. O gobierno de coalición con criterio izquierda/derecha por encima de la cuestión nacional; o gobierno con criterio nacional por encima de las diferencias izquierda/derecha. En Galicia y en Cataluña se han formado gobiernos de izquierda con socialistas y nacionalistas, lo importante eran las políticas progresistas. En País Vasco y Navarra las prioridades se invierten.
No me hace feliz que triunfe el criterio nacional o nacionalista, además de porque no cojeo de ese pie, a quien favorece siempre es a la derecha. Patxi López va a depender en todo momento del PP para gobernar; eso quiere decir que cualesquiera políticas demasiado escoradas a la izquierda que quisiera intentar quedarían vetadas. Como mucho, podrá hacer una política tibiamente de centro derecha, que es siempre el resultado de los pactos entre partidos de izquierda y partidos de derecha; y más cuando los supuestos partidos de izquierda (léase PSOE) ya se han movido decididamente hacia el centro derecha por sí mismos.
Me gustaría creer que López, como dice, va a gobernar para todos y va a tener un talante integrador. Ojalá. Pero me temo que tales buenas intenciones se torcerán enseguida. Un gobierno de pacto forzado PSOE-PP para echar a los nacionalistas vascos tiene todas las papeletas para funcionar como una revancha de los treinta años de hegemonía nacionalista. Me extrañaría que el enfrentamiento y la crispación se reduzcan en vez de aumentar, y vuelvo a citar Navarra porque es la realidad que conozco y padezco, y que tantas veces no es sino el negativo del País Vasco. Un gobierno hecho contra los nacionalistas vascos tiende a ser excluyente, al igual que tiende a serlo un gobierno de los nacionalistas vasco. Es lo que tiene el juego nacionalista; que acaba distinguiendo siempre entre quiénes son los auténticos o los buenos españoles, vascos o navarros, y gobierna en su beneficio y en contra de los falsos o malos españoles, vascos o navarros.
Y además, temo las persistencia de la confrontación porque pese a quienes presentan este cambio como un vuelco de la hegemonía nacionalista, la realidad sociológica y electoral es demasiado tozuda. El País Vasco sigue siendo una Comunidad Autónoma de predominio nacionalista. Si entre PSOE y PP han conseguido la mayoría parlamentaria no es por un cambio espectacular de las preferencias de los votantes sino que se debe a dos factores que distorsionan la representatividad del Parlamento Vasco: de un lado, el sistema de reparto de escaños en número igual por los tres territorios, que prima a Álava (bastión del PSOE y del PP) por encima de Guipúzcoa y sobre todo de Vizcaya, bastión del PNV; y de otro, la ilegalización de Batasuna que convierte sus votos en votos nulos, pero no hace desaparecer a sus miles de seguidores de la sociedad vasca. Factores que contribuyen a un escaso nivel de calidad democrática en el sistema, pero que no hay que olvidar que no se producen solo en el País Vasco (recordemos que todo el régimen electoral discrimina y perjudica a fuerzas como IU, tanto en las elecciones al Congreso y al Senado como en los parlamentos autonómicos).
Tampoco siento ninguna lástima por los perdedores de las elecciones (que en otros muchos casos se benefician de las distorsiones electorales sin despeinarse). Apostar por el soberanismo, como ha hecho Ibarretxe en los últimos años, conduce a esto. Fractura social y fractura política, y un contraataque desde el nacionalismo contrario. Falló la primera estrategia, la de Mayor Oreja y Nicolás Redondo, porque fue demasiado torpe. Ha triunfado la segunda, la de López y Basagoiti, mucho más inteligente y trabajada. Y vuelvo a lamentar que Ezker Batua estuviera en los gobiernos de Ibarretxe, porque más allá de algunos logros parciales y a corto plazo en políticas sociales, ha contribuido a que en el presente se puedan exarcerbar políticas de choque de nacionalismos y políticas de derecha.

Carlos dijo
Creo que IU se encuentra totalmente perdida y no entiendo qué reprocha el camarada Izu que no pueda reprochársele primero a él mismo. Porque IU ha sido el soporte permanente de un gobierno nacionalista vasco y de derechas. De este modo, por exclusión, lo único que le debe joder a IU de verdad es lo de español.
11 Mayo 2009 | 03:48 AM