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Blog de Miguel Izu

Mi cuaderno de bitácora para navegar en seco

25 Enero 2011

Lenguas en el Senado

Se han rasgado las vestiduras algunos porque en el Senado se gaste dinero para la traducción simultánea que hace posible utilizar a los senadores las diversas lenguas de España: catalán, euskera, gallego. El manido argumento, aparte del gasto en época de crisis, es que hay una lengua común en la que pueden entenderse todos, que es el castellano. Y es una razón de peso si se considera únicamente a las lenguas como medio de comunicación. Si aceptamos este limitado punto de vista, lo lógico es que apoyemos que la Unión Europea deje de utilizar veintitantas lenguas y se pase definitivamente al inglés, que hoy es la lengua más común a nivel internacional; que la ONU haga otro tanto y elimine al chino o al castellano como lenguas oficiales; y, en fin, que nos propongamos hacer que en un par de generaciones en España quede como única lengua oficial en la enseñanza el inglés, que es la que permite la comunicación universal.

Supongo que esta propuesta será rechazada de inmediato alegando que las lenguas, además de cómo medio de comunicación, cumplen otros papeles de carácter cultural y simbólico. Por supuesto; esa es la clave. En el Senado no hace falta otra lengua que el castellano para asegurar una correcta comunicación entre sus señorías; pero el uso con normalidad de otras lenguas tiene un fuerte carácter simbólico en cuanto a lo consagrado en el art. 3.3 de la Constitución: “La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”.

¿Qué es un despilfarro gastar dinero en estos aspectos simbólicos? Pues a lo mejor sí; en tal caso hagamos un plan más amplio de ahorro. Podemos empezar por esa norma de que la bandera de España, además de con carácter monumental en la plaza de Colón de Madrid, ondee en cada uno de los 8112 ayuntamientos de este país, lo que supone una pasta para reponer tanta bandera que a la intemperie se estropea muy rápidamente, además de en todos los edificios públicos de las administraciones locales, autonómicas y estatales. Añadamos banderas europeas, autonómicas, provinciales y locales y estamos hablando de un auténtico dispendio, que por cierto es reciente, hasta hace un siglo no se ponían banderas en los edificios públicos. Con un escudo de recia y resistente piedra era suficiente para señalar dónde estaban las casas consistoriales o los palacios reales. Otros lujos: el tradicional desfile militar del 12 de octubre en el paseo de la Castellana de Madrid, o el del día de las Fuerzas Armadas que va rotando de ciudad en ciudad. Nada añade a las necesidades de la defensa nacional; al igual que los uniformes de gala de los tres ejércitos y de la Guardia Real (esta es perfectamente prescindible en su totalidad). Y ya puestos, ¿es necesario tener una fiesta nacional y, además, un día de la Constitución? ¿Y diecisiete días de las comunidades autónomas, con sus fastos y gastos? ¿Hay que sacar carrozas, caballos y uniformes dieciochescos en el Palacio de Oriente para recibir a los nuevos embajadores? ¿No bastaría con que se tomen un café con el rey en la Zarzuela? Y, por cierto, ¿seguro que necesitamos un rey y una familia real?

Imagino que quienes reclaman ahorrar en gastos superfluos de traducción en el Senado apoyarán con entusiasmo todas estas otras medidas de austeridad.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Iñaki Murua

Iñaki Murua dijo

Algo parecido decía yo cuando se quejaban porque reivindicábamos enseñanza en euskera en la Uni: si somos científicos, todos en inglés. Pero por ahí no pasaban ;-)

26 Enero 2011 | 12:15 AM

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