Nuestras dictaduras
Vaya susto el que nos han dado los tunecinos, los egipcios, los árabes en general. Con lo tranquilos que estábamos los europeos, los occidentales, los países desarrollados y civilizados, los que tenemos derecho a vivir en democracia. Estamos acostumbrados a contar como amigos –cuando no como hermanos- con los gobernantes de esos países atrasados, llenos de bárbaros, beduinos en camello, fanáticos religiosos de cultura tribal (casi tan malos como los salvajes, negros y antropófagos que viven un poco más al sur), que mantienen el orden y la seguridad para que podamos hacer turismo por las pirámides y negocios diversos con ellos. Para asegurar la estabilidad, bendita palabra, hemos dotado a cada uno de esos países de una monarquía, el sistema más estable que se conoce. Cierto que en algunas de esas monarquías el monarca se llama rey y en otras presidente, pero aunque haya que establecer un ceremonial con elecciones periódicas para confirmar al monarca, este goza en todos los países árabes de las mismas cualidades propias de la institución: mandato vitalicio, culto a la personalidad y posibilidad de ser sucedido por uno de sus hijos o de sus hermanos. En todo caso, gobernantes sabios y prudentes a los que tanto debemos para que el Oriente Próximo no degenere en algo tan amenazador como el Oriente menos próximo (Iraq, Irán, Afganistán…).
Y ahora resulta que los árabes se rebelan contra sus gobernantes, que quieren pan y libertad, como se decía antes, o sea, desarrollo económico y democracia. No hay nada peor para la economía (léase los negocios) que no saber con quién hay que negociar. Qué felices vivíamos con nuestras dictaduras amigas, y qué poco nos gusta que los moros quieran ser como nosotros.
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Espartaco dijo
Una aproximación a un análisis de clases con perspectiva histórica
http://espartaco-ysinembargosemueve.blogspot.com/2011/02/democrac...
3 Febrero 2011 | 05:42 PM