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Blog de Miguel Izu

Mi cuaderno de bitácora para navegar en seco

22 Febrero 2011

Malos dictadores

Tenemos un problema con nuestros dictadores; están resultando malos dictadores. El buen dictador es el que cumple eficazmente con sus obligaciones: mantener el orden y facilitar que las potencias extranjeras puedan hacer sus negocios (mineros, petroleros, turísticos, inmobiliarios, bancarios) en las debidas condiciones de seguridad. Es lo que modernamente se llama dar confianza a los mercados. El mal dictador es aquel al que las cosas se le escapan de las manos y las multinacionales no tienen más remedio que evacuar a su personal hasta que escampe. Hay muchos ejemplos de dictadores que han sabido cumplir con su misión ejemplarmente, incluso dejando las cosas atadas y bien atadas para cuando ellos faltaran; ahí tenemos sin ir más lejos los casos de Franco, de Salazar, del primero de los Somoza, que pudieron transmitir a sus herederos un país en orden (otra cosa es que sus herederos supiesen manejar adecuadamente la herencia). Hoy seguimos teniendo algún dictador de confianza, como Teodoro Obiang, cuyo público elogio ha hecho recientemente José Bono. Pero los que están de actualidad son esos dictadores fracasados que incluso han tenido que poner pies en polvorosa dada su incapacidad para seguir desempeñando adecuadamente su misión: Ben Alí, Mubarak, ahora mismo se lo está buscando Gadafi; y algunos otros todavía tienen que justificar si se merecen el puesto, como los gobernantes de Bahréin, Yemen y de otros países cuyos nombres desconocemos ya que hasta ahora habían hecho su trabajo con la debida discreción. Pero claro, si ya ni siquiera pueden garantizar la celebración del campeonato de Fórmula 1 quiere decir que pueden empezar a ser prescindibles. Puede que la Internacional Socialista tenga que proceder a alguna expulsión más.

Sobre todo, lo que no nos podemos permitir los países civilizados, la Unión Europea, los Estados Unidos de América, son situaciones de incertidumbre. Son malísimas para la Bolsa. Con Túnez y Egipto ya tenemos las cosas claras, ahí toca apoyar provisionalmente la libertad y la democracia mientras encontramos un gobierno de confianza; pero todavía no sabemos a qué atenernos con el resto, si seguir apoyando a nuestros hijos de puta con la esperanza de que controlen la situación, o invocar ya los derechos humanos y empezar a buscar a nuestros próximos aliados.

En fin, seamos optimistas, e igual que Fernando Savater se ha divertido tanto con el terrorismo, disfrutemos de la violencia en los países árabes. Al menos nos garantizan una buena temporada turística en España, con la falta que nos hacen noticias económicas positivas.

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