Puentes y cortinas de humo
Sin desperdicio el discurso de investidura de Mariano Rajoy. Entre otras vagas medidas que nos anuncia, una reforma laboral cuyo único contenido relativamente claro es que para eliminar puentes “se trasladarán las fiestas al lunes más cercano, con la excepción de aquellas fechas de mayor arraigo social”. Aunque en comparación con los vaporosos buenos propósitos que llenan su discurso (tras e los cuales uno sospecha que en realidad se ocultan las peores intenciones) parece que esto de los puentes es una medida concreta, en realidad no es sino una cortina de humo que abrirá un debate que puede acabar con el parto de los montes.
¿De qué festivos estamos hablando? De las fechas de menor arraigo social, claro. Recordemos que con la normativa actual hay trece festivos de ámbito nacional:
1 de enero (Año Nuevo), 6 de enero (Epifanía del Señor), 19 de marzo (San José), 1 de mayo (Fiesta del Trabajo), 25 de julio (Santiago Apóstol), 15 de agosto (Asunción de la Virgen), 12 de octubre (Fiesta Nacional de España), 1 de noviembre (Todos los Santos), 6 de diciembre (Día de la Constitución), 8 de diciembre (Inmaculada Concepción), 25 de diciembre (Navidad), Jueves Santo y Viernes Santo.
De ellos, hay cuatro que las comunidades autónomas pueden sustituir por fiestas propias: Epifanía, San José, Jueves Santo y Santiago. Ninguna prescinde del 6 de enero por su evidente arraigo social, es el día que los Reyes Magos traen sus regalos. La mayoría suele prescindir de San José (excepto la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha y Murcia) y de Santiago (excepto Galicia y País Vasco), y algunas pocas de Jueves Santo (Cataluña y Comunidad Valenciana), para poder introducir sus fiestas propias, el día de la comunidad y alguna otra fecha tradicional como el Lunes de Pascua (Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana, Navarra y País Vasco), el Día de las Letras Gallegas, la Bien Aparecida, patrona de Cantabria, o la patrona de cada una de las islas canarias.
A tener en cuenta que de las trece fechas señaladas lo normal es que dos de ellas coincidan en domingo, por lo cual sólo tienen carácter de festivo laboral once de ellas, aunque excepcionalmente hay años que sólo una o incluso ninguna cae en domingo. Las comunidades autónomas tienen que cuadrar cada año el calendario en función de ello para establecer doce festivos en su ámbito, más otros dos festivos de ámbito local a propuesta de cada ayuntamiento.
Con este panorama, ¿qué fiestas cabe mover al lunes más próximo? Hay algunas fechas difícilmente trasladables: Año Nuevo (por razones obvias), Epifanía (¿alguien se imagina las cabalgatas de Reyes el día 2 de enero, o el día 9 de enero?), 1 de mayo (¿tendrán que celebrarlo los sindicatos el 5 de mayo, un suponer, mientras en la mayoría de países del resto del mundo lo han hecho cuatro días antes?), 12 de octubre (¿una fiesta nacional trasladable?), 1 de noviembre (¿tendrán que ir los españoles a los cementerios el 29 de octubre, o el 4 de noviembre, según toque cada año?), 25 de diciembre (sin comentario), Jueves Santo (¿o es que habrá que trasladar las procesiones de ese día al Lunes Santo o al Lunes de Pascua, trastocando toda la liturgia y todas las tradiciones propias de la semana santa?), Viernes Santo (idem.). Es de suponer que en Valencia matarán antes de permitir que San José se traslade a un lunes y que tengan que quemar las fallas un 22 de marzo, que en Galicia se amotinarán si tienen que celebrar Santiago un 29 de julio, y que varios miles de pueblos de toda la geografía española harán lo propio si tienen que celebrar sus fiestas de la Virgen de Agosto un 12 o un 18 de agosto.
En cuanto a las fiestas autonómicas, resulta dudoso que la mayoría de las comunidades se presten al cambio, a que los andaluces celebren el aniversario del referéndum de iniciativa autonómica el 2 de marzo, por poner un ejemplo, los catalanes la Diada el 15 de septiembre o los madrileños la fiesta del Dos de Mayo el 30 de abril, si toca. Y mover los festivos locales, que en buena medida coinciden con el santo del lugar y las fiestas patronales, en muchos casos tampoco resultará sencillo.
En suma; este debate artificioso puede concluir en algo tan tonto como acabar moviendo solamente las fiestas del 6 y del 8 de diciembre para evitar el largo puente constitucional; eso sí, habría que hacerlo a dos lunes consecutivos, así que en lugar de uno haríamos dos puentes; o en poner tantas excepciones según comunidades autonómas y localidades que el resultado sea más confuso que en la actualidad.
Pero mientras el país esté entretenido los próximos meses en discutir si tiene más arraigo social San José que Santiago, Jueves Santo que la Asunción, podrán adoptarse sigilosamente otras reformas menos importantes como los minijobs, el desmantelamiento de la negociación colectiva u otro abaratamiento más del despido.
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