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Blog de Miguel Izu

Mi cuaderno de bitácora para navegar en seco

17 Enero 2012

Nada es para siempre

Hay que agradecer la claridad con la que se expresó ayer Mariano Rajoy: “De la misma manera que le digo eso, también tengo que decirle que en la vida nada es para siempre”. No es sólo una frase, explica bien una actitud y algunos hechos recientes, como que después de mostrarse contrario a subir impuestos, incluso en su discurso de investidura como presidente del Gobierno, una de las primeras cosas que ha hecho como presidente del Gobierno ha sido precisamente subir los impuestos. Groucho Marx vino a decir lo mismo con su célebre afirmación: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.

La frase de Rajoy es muy oportuna teniendo en cuenta que se pronuncia al día siguiente de la muerte de Manuel Fraga, fundador y padre espiritual del PP y un buen ejemplo sobre la mentalidad de la derecha española. Hasta el último día se mantuvo firme, negándose a cualquier arrepentimiento, en unos principios que fue variando a lo largo de su vida según interesaba en cada momento. Ciertamente, para mantener una vida pública de sesenta años sin bajarse del coche oficial hasta pocas semanas antes de su muerte, tal flexibilidad es muy recomendable. Así pudo pasar de su apoyo más que activo al régimen franquista, del cual fue ministro de propaganda, a ser uno de los más ilustres fundadores de la democracia en nuestro país (alguna lengua malvada dirá que así salió nuestra democracia); así pasó del brazo en alto y de los principios fundamentales del Movimiento que eran “por su propia naturaleza permanentes e inalterables”, visto su fracaso electoral de 1977 con un programa que propugnaba la simple reforma de las leyes fundamentales del franquismo, a ser uno de los padres de la Constitución que las derogó; así pasó de abominar del término nacionalidades en el texto constitucional y de prometer una reforma en cuanto tuviera mayoría para hacerla, a votar favorablemente el estatuto de autonomía que reconocía a Galicia como nacionalidad histórica y a convertirse en fervoroso autonomista desde la presidencia de la Junta de Galicia. En cualquier caso siempre un buen ejemplo de ardiente patriotismo (yo comparto aquello de que “cuando el Estado sale a matar, se hace llamar Patria”, frase que se atribuye a Friedrich Dürrenmatt aunque vaya usted a saber).

En fin, que si los franquistas de ayer bien pudieron convertirse en los demócratas de hoy, a saber en qué se pueden convertir mañana.

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